A principios de agosto siete miembros de una familia saudí que empleaban a cuatro indonesias como trabajadoras domésticas las pegaron y acusaron de practicar magia negra contra uno de ellos. Siti Tarwiyah Slamet, de 32 años, y Susmiyati Abdul Fulan, de 28, murieron a causa de las palizas. Sus compañeras Ruminih Surtim, de 25, y Tari Tarsim, de 27, están aún en cuidados intensivos en un hospital de Riad.
"Hace tres meses una mujer indonesia que trabajaba en la provincia de Al Qasim fue sentenciada a diez años de prisión y 2.000 latigazos por brujería, después de la reducción de su condena a pena capital", la mayoría de esas mujeres emigrantes no tienen acceso a intérpretes ni a información básica y legal sobre sus casos. El Gobierno saudí tarda meses o años en informar a las embajadas de la situación en la que están sus nacionales, si han sido detenidos u hospitalizados, obstaculizando la asistencia.
Cuando dejó Sri Lanka para trabajar como sirvienta en Arabia Saudí, a Sepalika le prometieron 100 euros al mes. Semanas después llegó la sorpresa. "Cuando le dije a mi patrón que quería mi salario, me golpeó las mejillas, no comí en dos días para protestar, exigiéndoles mi sueldo. No me pagaron. No me dieron ni un céntimo en 10 meses de trabajo".
Nur, de 36 años, no tuvo mejor suerte en Kuwait. "La patrona se enfadó porque encendí el fuego antes de enharinar, y me pateó en la espalda. Después me atacaba por levantarme tarde, por no terminar mi trabajo. Me golpeaba con lo que tuviese en las manos, con una escoba, con un cuchillo… Su hijo me increpaba, me decía ‘cállate y haz lo que mi madre dice, como un perro. Si no lo haces, te moleré todos los huesos’".
A Rajmani se la puede observar cada día, a las 5.30 de la mañana, tendiendo ropa en la casa de Ashrafiye, barrio cristiano de Beirut, donde trabaja. A las 17.30 horas trata de controlar a los niños, y a las 23.00 es posible verla en la calle, limpiando el coche del patrón. "Hasta a los perros les dejan salir, a nosotras nos tienen atrapadas”.
Milliaun Mingos, de 21 años, no aguantó la presión, esta srilankesa de 21 años cayó por el balcón de la vivienda donde trabajaba, en el norte de Beirut, el pasado día 1. Si fue un suicidio, el de Milliaun sería al menos el quinto entre empleadas del hogar extranjeras que se registra en el Líbano en este año, una cifra que pone de relieve una realidad no admitida.
Muchas mujeres son encarceladas después de que sus patronos las hubieran violado y dejado embarazadas.
"De manera general se les paga mal, trabajan mucho, se les confina en su lugar de trabajo y son sujeto de abusos verbales, físicos y sexuales". A menudo, esas empleadas también son acusadas de "robo, adulterio o fornicación en casos de violaciones o brujería".
La conclusión es contundente: la explotación de las trabajadoras domésticas en Arabia Saudí, Kuwait, el Líbano y Emiratos Árabes es un hecho. Impago de salarios, horas de trabajo excesivas, confiscación de pasaportes, restricción de movimientos, invasión de sus vidas privadas, escasez de alimentos, acoso sexual, abusos verbales y físicos… La situación de las trabajadoras asiáticas y africanas, sustitutas de las empleadas egipcias, sirias y palestinas que antaño trabajaban en los hogares del Golfo, roza a veces el esclavismo ante la impasividad de gobiernos cuyas leyes no protegen a los inmigrantes.
Las irregularidades comienzan en el país de origen, las trabajadoras son engañadas por contratistas que no les informan sobre las condiciones de trabajo y les cobran tasas para cubrir el viaje que les deja endeudadas. Una vez en los países de destino, los empleadores —responsables de las domésticas a efectos legales— les requisan en muchos casos la documentación, algunas son obligadas a trabajar entre 16 y 21 horas diarias por sueldos de entre 10 y 30 céntimos de euro la hora sin tiempo libre ni posibilidad de relacionarse con miembros de su comunidad.
En teoría, tienen derecho a tener un contrato claro y coherente —se les hace firmar a menudo en árabe, idioma que desconocen—, a un número de horas de trabajo razonable, a gozar de descanso diario y semanal, a un salario mínimo y a una protección jurídica contra cualquier forma de explotación o abuso. En la práctica, los gobiernos fallan en países de origen y destino a la hora de protegerlas.
En el caso de los mencionados países del Golfo, "la legislación laboral excluye categóricamente a las trabajadoras domésticas de ciertos derechos básicos como las vacaciones, limitación de horas de trabajo o indemnizaciones. Las leyes de patrocinio de inmigración restringe la capacidad de las trabajadoras de cambiar de empleador, incluso en caso de abuso". En el caso libanés, el Ejecutivo "expone a las trabajadoras a abusos rechazando garantizarles días de descanso o limitar las horas de trabajo". "Demasiados empleadores abusivos y agentes de trabajo sin escrúpulos explotan a estas trabajadoras sin enfrentarse a ningún castigo real".
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Septiembre 22nd, 2008 at 17:21
creo que el trato al que estan ligadas las mujeres en Medio Oriente es arcano y pasado de tiempo, ya desaparecio los tiempos de la esclavitud, estamos en el siglo XXI y no en 1800