Índice de femicidio versus Índice bursátil
Desde 2002 la violencia contra la mujeres en Guatemala ha aumentado de forma escandalosa, y escalofriante. El aumento de los asesinatos de mujeres contrasta con el poco, casi nulo, esfuerzo que las fuerzas policiales y el Gobierno de ese país realiza para “pararlo”. El Defensor del Pueblo de Guatemala cuestiona la incapacidad de las Instituciones del Estado de garantizar la seguridad de las mujeres tanto en los ámbitos familiares como profesionales. Como dato de ocultar su “ineficacia”, obligatoria o voluntaria, es mentir sobre las cifras de las mujeres asesinadas, según datos oficiales en el 2005 murieron 169 mujeres, la cifra real fue de 312.
Las más afectadas son mujeres entre los 16 y 30 años, cuando empiezan a desempeñar sus funciones tanto en el ámbito familiar como laboral. Suelen morir en un contexto de mayor violencia que los hombres, mientras éstos son tiroteados, a las mujeres las violan, las golpean, las acuchillan y las estrangulan hasta matarlas. Los asesinos quieren dejar constancia de su superioridad física en el cuerpo de la mujer.
Guatemala: la vida de las mujeres no tiene ningún valor…
Entre 2001 y 2004 más de 1.200 mujeres fueron asesinadas en Guatemala. Numerosas desaparecieron. Sólo entre marzo y abril de 2003, 200 mujeres indígenas fueron violadas y asesinadas. Feminicidio -o femicidio-: "política de exterminio de las mujeres", inequívoca definición de la antropóloga mexicana Marcela Lagarde
Más de 30 mujeres son asesinadas al mes, en un país de 12.728.111 de habitantes, la mitad son mujeres, tres millones y medio en edad de 15 a 64 años, pero las investigaciones son alarmante, se estiman que más de 700 mujeres serán violadas, torturadas y asesinadas cada año.
Las cifras en Guatemala superan la cantidad de crímenes de Ciudad Juárez, (México) pero el conocimiento público e internacional es muchísimo menor. La atención mediática sobre los asesinatos de Juárez, en parte por las conexiones entre la corrupción policial, narcotráfico y tráfico de mujeres, han solapado la realidad de Guatemala. Y más en un país donde su sistema es cien por cien patriarcal, nada que envidiar a los países musulmanes más arcaicos, donde se intenta invisibilizar la situación.
Según las autoridades, la mayoría de los crímenes los cometen los “maras”, pandillas juveniles. Más de 200.000 jóvenes forman parte de ellas, consideradas autoras de más del 80% de los hechos de violencia de país. Guatemala tiene el deshonroso honor de ser el país donde más asesinatos se cometen de toda América Latina, 70 crímenes por 100.000 habitantes, lo que hace que el 77% de la población tenga miedo en salir a la calle, incluso para poder realizar las compras cotidianas.
Pero verdaderamente, las mujeres asesinadas, de categorías sociales distintas, son asesinadas por los
“maras”????
"Una noche me encontré con tres hombres que, sin decirme nada, me dispararon", cuenta Imelda, de 21 años, mientras abraza a su hija pequeña. "Recibí cinco disparos en las piernas, pero tuve suerte: vuelvo a caminar". Imelda conoce sin duda a quienes la dispararon, pero no dirá nada. En la residencia Sólo Para Mujeres, un oasis de paz para jóvenes a la deriva situado cerca de la Terminal de autobuses de la capital, la historia de Imelda no tiene nada de excepcional. Hace algunas semanas, otra residente, Esther, de 16 años, fue encontrada lapidada.
Al hojear el registro de la residencia donde, desde hace tres años, 246 adolescentes o mujeres jóvenes han estado alojadas, Ana Verónica de León, la gerente, realiza el terrible inventario de las que han muerto: cerca de una tercera parte, de las que a menudo tan sólo queda una fotografía. Casi todas huyeron de su familia, como esta chiquilla de 14 años violada por su padre, que se volvió heroinómana. Algunas fallecieron a causa del sida o de la droga, pero la mayoría fueron asesinadas a tiros o a puñaladas. "Disponemos de un presupuesto para los entierros para evitar que acaben en una fosa común", precisa Anne Pascal, presidenta de la asociación Les Trois Quarts du Monde, que financia el proyecto. Al recorrer el barrio de la Terminal, se entiende enseguida de dónde vienen las residentes y en qué se ven inmersas con demasiada frecuencia. Deben resistir a los proxenetas que pululan en los infames bares de alterne, pero también a los traficantes que, para alimentar el mercado de la adopción, no dudan en comprar, e incluso secuestrar a los bebés.
Cada mañana, los diarios Siglo Veintiuno y El Periódico enumeran los homicidios del día anterior, indicando mediante dibujos si se trata de asesinatos por arma de fuego, arma blanca o lapidación, y publican curvas estadísticas. Se asemejan a las cotizaciones bursátiles, pero se trata de la cotización de la vida.
Para poner rostros a estas cifras, los periódicos han publicado las fotografías de 77 víctimas, de Gladys Estela, de 14 años, apuñalada en el corazón, a Romelia, de 65, asesinada de cuatro balazos, pasando por Manuela, de 19, violada y asesinada junto con su bebé de 8 meses; Ana Fidelina, de 20, madre de dos hijos, lapidada en Poptún; Blanca Estela, de 22, acribillada cuando estaba embarazada de ocho meses; Rosa Lourdes, violada y estrangulada con 24 años; o Claudia Lucía, de 20, estudiante de arquitectura, secuestrada y fusilada…
Pero en una sociedad terriblemente machista, donde la violencia contra las mujeres empieza por la negación de derechos como el acceso a la salud o al trabajo, donde las indígenas (los mayas representan el 43% de la población) sufren una triple discriminación: de sexo, de raza y de pobreza. En una sociedad bajo la presión de la Iglesia, cuya influencia disminuye a favor del Movimiento Evangelista, ultra reaccionario, que desplaza a enormes multitudes y se enriquece a un ritmo vertiginoso, mientras que los abusos sexuales permanecen impunes y el código penal es propio de la Edad Media, el autor de una violación a una menor es liberado si se compromete a casarse con su víctima, no es entonces difícil pensar que lo más fácil para las Instituciones oficiales de Guatemala es echar la culpa de la escalofriante cifra de mujeres asesinadas a los “maras”.
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Llevábamos meses teniendo en la cabeza el escribir sobre un caso que en principio puede parecer banal, el viaje de una española a Venezuela. Fue el pasado mes de abril, iba acompañada por otra amiga de Sevilla y su marido, venezolano de clase alta. Precisamente, iban a visitar a la familia y “amigos” del marido, Carlos.
Todo fueron risas mientras las dos amigas contaban, ya regresadas a España, sobre lo acontecido allí. Cosas triviales, mundanas e incluso, lujuriosas. Fiestas, alcohol, tangas, cuerpos morenos, piscina, regatón hasta las tantas de la madrugada…. Qué bien se lo pasaron¡¡¡¡ podíamos pensar, y fue así.
Entonces, por qué escribir? qué hay de malo en ello???
Venezuela, un país donde el 38% de su población vive en la pobreza y el 13% en la miseria absoluta, es decir, más de la mitad de los venezolanos son pobres, sin dinero, sin alimentos, muchos de ellos sin casa.
Pero ay dios¡¡¡¡ cómo vive la clase alta allá¡¡¡¡
Cuerpos esculturales, tanto los hombres como la mujeres, todas ellas, rondando los treinta años, se habían hecho “algún retoque estético”, pechos, culos, caderas… tenían que estar preciosas y ellos también, delgados, sin un solo pelo en su cuerpo. Casos de bulimia, anorexia… normal, algo normal entre ellos, en un país donde la mitad de la población no tiene para comer, pero hay que entenderles, tienen que esta hermosos, bellos, delgados…. para las FIESTAS.

Fiestas continuas, hasta la madrugada….
El alcohol, hay restricciones, pero ellos saben donde encontrar para sus fiestas pero eso sí, ellos no van a ir al pueblo a comprar, dios les libre de encontrase con la gente del “pueblo”, por una mísera limosna siempre hallan a alguien que hagan las compras por ellos. Así no se tienen que mover y pueden seguir en su entorno ideal de felicidad.
Y ahí siguen, día a día, en su “enclenque” paraíso, todos bellos, lo feo está prohibido, ahí están, en su ghetto.
Y se lo permiten, que sigan así, “drogados” por las fiestas, por lo hermoso, por el lujo, así están contentos, así no molestan.
Venezuela vive una prolongada y asfixiante declinación que les ubica entre los países de peor desempeño económico y social de América. Su empobrecimiento es continuo y acelerado.
· Escasa confianza y credibilidad
· Poca inversión nacional y extranjera
· Falta de crecimiento económico
· Alto desempleo
· Bajos ingresos
· Alta inflación
· Deterioro del salario real
· Concentración del ingreso y la riqueza
· Aumento de la pobreza
· Desaparición de la clase media
· Deterioro de los servicios de salud
· Aumento de la delincuencia
· Deterioro de las instituciones
· Deficiencia del sistema educativo
· Pérdida del interés en la política y la participación ciudadana
· Deseos de abandonar el País

No es África, es Venezuela
Pero están contentos, ellos, los de la “clase alta” están contentos, son felices, les dejan que estén así, les ayudan a que estén así… agradecidos, no molestan, no molestan a la república “bolivariana”, están “drogados”. Estómagos y cuerpos agradecidos.
El Hijo de Fidel y los implantes mamarios en los Barrios Publicado en Al Día (sucedenvenezuela.com). Agosto 2007

SIN TETAS NO HAY REVOLUCION: Para quienes no lo sabían, se encuentra en el país, hace ya un largo tiempo, uno de los hijos del comandante Fidel Castro. Su misión ha sido coordinar los programas Barrio Adentro en Venezuela; pero la cosa no queda ahí, me cuenta Cicerón que desde el “Anauco Hilton” este personaje adelanta consolidar un programa popular de implantes mamarios (tetas) en aquellos barrios de la capital que estén debidamente consolidados; es decir dotados de toda la infraestructura necesaria, como es luz, agua potable, red de cloacas, etc. De esta forma también las jóvenes y mujeres de sectores populares tendrán acceso a un cambio radical de su fisonomía mediante un implante de senos no sabemos si a precios solidarios o totalmente gratis, lo que al parecer es la tranca de dicho programa. Mientras tanto, entre un escocés de 18 años se afinan los detalles del programa por demás novedoso, que permitirá a más de una “Catalina” tener su par de senos bien puestos para lucirlos “barrio adentro”… ¡Buena esa!
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¿Por qué en África un hombre violaría a una niña de cinco años o incluso a una bebé?, dicen que simplemente porque piensan que les va a dar buena suerte.
Superstición que empezó en Sudáfrica, como creencia de que el contacto sexual con niñas y vírgenes era una medida para curar o evitar el virus del VIH que azotaba al país. Conocido en el mundo a través de un mail fue el caso, en el 2001, de una bebé de nueve meses violada por seis hombres.
En Sudáfrica casi la tercera parte de los niños y niñas han sido sometidos a abusos sexuales antes de cumplir 18 años. Desde entonces, Sudáfrica ha luchado para acabar con la creencia de que violar a una niña o a un bebé ayuda a prevenir o a curar el Sida.
Pero la superstición se extendió por el resto de África.
En Liberia una niña de 11 años llamada Janjay había muerto después de haber sido violada seis meses atrás. La violación la había dejado tan malherida que sufría de incontinencia y tenía que usar pañales.
Cementerio de Monrovia, en el entierro de Janjay, grandes lápidas blancas con los nombres rústicamente escritos en pintura negra. Hombres jóvenes de aspecto peligroso sentados sobre algunas de las tumbas.
Por la carencia de baños públicos en Monrovia, hay que pisar con cuidado, el cementerio también se había convertido en un basurero. Varias mujeres junto a la fosa mostraban fotos en blanco y negro de la joven Janjay y al lado de cada una estaba escrito "Paren las violaciones".
Mensajes similares están en vallas salpicadas por toda Monrovia.

Colas de espera en la Clínica Benson
A la Clínica Benson, administrada por la organización Médicos Sin Fronteras, llegan diariamente de cinco a diez personas que han sufrido violaciones, pero la mitad de ellas no son mujeres. Son niñas entre los cinco y los 12 años.
Cada mes, la clínica trata a varios bebés por violación pero, de todos los casos registrados por el centro desde 2003, se puede contar con una mano el número de hombres condenados.
Dos de esos casos condenados ocurrieron en la ciudad de Gbarnga.
“El camino que lleva allá es muy bueno para los estándares de Liberia, pero aún así es como una especie de eslalon por sus numerosos huecos.
El Tribunal Superior estaba cerrado y parecía abandonado desde hace años. Algo de vida había en la Corte de Magistrados, en donde un hombre tecleaba en una máquina de escribir mientras el magistrado resumía el caso más reciente.
Una mujer estaba en el estrado acusada de golpear a la hija de otra persona.
En los archivos polvorientos de la Corte, dos expedientes: uno, Stephen Dollo, de 57 años de edad, movido y seducido por Satanás, el Diablo, saltó intencionalmente sobre la pacífica niña de cinco años, le quitó la ropa y cometió el crimen de violación.
El otro, Arthur Blackie, un pastor de la Iglesia de 64 años que fue hallado culpable de violar a Josephine, una niña de ocho años.”

Pero nos hacemos una pregunta, ¿es de verdad que las violaciones a niñas y a bebes se hacen sólo por la creencia de que sanarán de SIDA? Sólo un dato escalofriante, durante los 14 años de guerra civil, la violencia sexual afectó a las dos terceras partes de la población femenina de Liberia. Ningún hombre ha sido condenado por estos crímenes.
¿Es pues una creencia o una horrorosa costumbre entre los hombres de ese país?
Pero estos desgarradores sucesos no son sólo potestad de Sudáfrica o de Liberia.
En el Congo, decenas de miles de mujeres y niñas -y también de hombres, niños, e incluso bebés- fueron violadas y torturadas sistemáticamente en el este del país, donde grupos armados se disputaban el control de la tierra y sus recursos. Algunas de las víctimas sufrieron violaciones múltiples y otras formas de violencia sexual en dos o tres ocasiones durante la guerra a manos de distintas fuerzas. Otras han sido violadas por grupos de hasta 25 combatientes o utilizadas durante meses o años como esclavas sexuales.
Las violaciones iban a menudo acompañadas de torturas sexuales con objetos como bayonetas y palos afilados que se les introducen a las mujeres y a las niñas en la vagina, e incluso de disparos a zona de los genitales.
En Sudán, resulta imposible saber cuántas mujeres y niñas han sido violadas desde que comenzó el conflicto armado en Darfur en el año 2003. Han sido millares, desde luego.

“Me llevaron los hombres que atacaron, vestidos de caqui y de civil, a mí y a decenas de muchachas, y tuvimos que caminar durante tres horas. De día nos pegaban… Nos llevaron a un lugar del monte donde nos violaron varias veces cada noche. Pasamos tres días sin que nos dieran de comer y sin apenas agua. Estábamos rodeadas de guardias armados. Al cabo de tres días los yanyawid tuvieron que partir a otro lugar y nos dejaron libres”
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